Pensamientos intrusivos: ¿Qué son y cómo controlarlos?
¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Los pensamientos intrusivos son pensamientos, imágenes o impulsos repentinos, normalmente de carácter negativo o inquietante, que aparecen en la mente sin que los busquemos y sin un motivo aparente. Interrumpen la atención y, cuando les damos demasiada importancia, pueden llegar a convertirse en obsesiones difíciles de manejar. Tienden a intensificarse en trastornos como la ansiedad, la depresión o el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).
Que aparezcan de vez en cuando es completamente normal: prácticamente todas las personas experimentan algún pensamiento intrusivo a lo largo de su vida, sin que ello indique ningún trastorno. Una característica clave es que suelen ser egodistónicos: chocan con nuestros valores y generan malestar y confusión, precisamente porque no representan lo que queremos ni lo que somos.
El problema no es el pensamiento en sí, sino cómo respondemos a él. Cuando luchamos con todas nuestras fuerzas por eliminarlo, le damos más importancia y aparece con más frecuencia e intensidad.
¿Por qué tenemos pensamientos intrusivos?
No existe una única causa. Los factores que más influyen son:
Estrés y ansiedad elevados: en épocas de tensión, la mente está más «vigilante» y produce más pensamientos automáticos.
Funcionamiento del cerebro ante la incertidumbre: el cerebro genera hipótesis y advertencias; en algunas personas ese mecanismo se vuelve hiperactivo.
Trastornos asociados: TOC, trastornos de ansiedad, depresión o estrés postraumático.
Falta de descanso, consumo de alcohol u otras sustancias y periodos de gran carga emocional.
En muchos casos no hay que buscar un «porqué» concreto a cada pensamiento: lo terapéutico es aprender a relacionarse con ellos de otra forma.
Tipos de pensamientos intrusivos (con ejemplos)
Según su contenido, los más frecuentes son:
Agresivos o de daño. Miedo a hacer daño a alguien o a uno mismo sin ningún deseo real de hacerlo. Ejemplo: «¿y si empujo a alguien en el andén?».
Sexuales. Imágenes o dudas sexuales que chocan con los propios valores. Ejemplo: dudas angustiosas sobre la propia orientación o miedos inapropiados.
Religiosos o morales. Pensamientos blasfemos o «prohibidos» en personas con fuertes valores religiosos o éticos.
De contaminación o duda.Ejemplo: «¿habré cerrado el gas?», «¿estaré contaminado?», muy típicos del TOC.
Relacionados con la muerte o la enfermedad. Miedo intenso a morir o a que enferme un ser querido.
Cuando estos pensamientos no generan malestar (no son egodistónicos) y la persona los vive como coherentes, conviene una valoración profesional, ya que pueden apuntar a un cuadro distinto que debe evaluar un médico.
Pensamientos intrusivos, ansiedad y TOC
Los pensamientos intrusivos y la ansiedad se retroalimentan: el pensamiento dispara ansiedad, y la ansiedad hace que el pensamiento vuelva con más fuerza. En el TOC, estos pensamientos (obsesiones) se acompañan de conductas o rituales (compulsiones) que buscan aliviar la angustia, pero que a la larga la mantienen. Distinguir un pensamiento intrusivo normal de un TOC es una de las razones más frecuentes de consulta, y requiere valoración profesional.
¿Se pueden eliminar los pensamientos intrusivos? ¿Se curan?
Con honestidad clínica: el objetivo no es «eliminar» para siempre todo pensamiento intrusivo —la mente humana los produce—, sino reducir su frecuencia, su intensidad y, sobre todo, el poder que tienen sobre nosotros. La buena noticia es que, cuando forman parte de un cuadro de ansiedad o TOC, el problema tiene tratamiento y muy buen pronóstico: la mayoría de las personas logra que dejen de condicionar su vida. La clave está en dejar de luchar contra ellos y aprender a gestionarlos, con ayuda profesional cuando interfieren en el día a día.
Cómo controlar los pensamientos intrusivos: técnicas
Estas estrategias ayudan a reducir su impacto. No sustituyen a un tratamiento cuando el problema es intenso, pero son un buen punto de partida:
Defusión: no luchar contra el pensamiento. Cuando aparezca, no intentes apartarlo a la fuerza. Obsérvalo como lo que es —un pensamiento, no un hecho ni una orden— y déjalo pasar. Cuanto menos lo combates, menos fuerza gana.
Mindfulness y meditación. Entrenar la atención plena mediante meditación, yoga o respiración consciente ayuda a recuperar el control atencional y a observar los pensamientos sin engancharse a ellos.
Reestructuración cognitiva. Aprender a identificar el pensamiento, ponerlo en duda («¿es un hecho o una interpretación?, ¿qué evidencia tengo?») y sustituirlo por una lectura más realista.
Ejercicio físico regular. La actividad física libera tensión y reduce la frecuencia de los pensamientos rumiativos, además de mejorar el ánimo.
«Tiempo de preocupación». Reserva 15 minutos al día, a la misma hora, para atender al pensamiento que te perturba (mejor por escrito). Cuando termine ese rato, aplaza el tema hasta el día siguiente. Entrena la voluntad y le quita poder a la rumiación.
Tratamiento profesional
Cuando los pensamientos intrusivos se vuelven obsesivos e interfieren en la vida, el abordaje médico y psicológico es muy eficaz:
Terapia cognitivo-conductual (TCC). El tratamiento psicológico de primera elección.
Exposición con prevención de respuesta (EPR). Especialmente indicada en el TOC: exponerse de forma gradual al pensamiento sin realizar el ritual que normalmente lo alivia.
Terapia de aceptación y compromiso (ACT). Enseña a aceptar la presencia del pensamiento sin dejar que dirija la conducta.
Tratamiento farmacológico. En cuadros de ansiedad o TOC moderados-graves, determinados fármacos (habitualmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, ISRS) reducen de forma significativa la intensidad de las obsesiones. La indicación, la dosis y el seguimiento debe valorarlos siempre un médico psiquiatra, de forma individualizada.
La combinación de psicoterapia y, cuando es necesario, tratamiento farmacológico, ofrece los mejores resultados.
¿Cuándo acudir a un psiquiatra?
Conviene consultar cuando los pensamientos intrusivos:
Aparecen de forma frecuente y te generan mucha angustia.
Te llevan a realizar rituales o comprobaciones para calmarte.
Interfieren en tu trabajo, tus relaciones o tu descanso.
Se acompañan de ansiedad intensa, tristeza o ideas de hacerte daño.
Como médico psiquiatra, el Dr. Carlos Sánchez Menéndez evalúa el origen del problema, descarta otras causas y define un tratamiento personalizado —psicológico y, si procede, farmacológico— para que recuperes el control. Pide cita aquí.
Preguntas frecuentes sobre los pensamientos intrusivos
¿Qué causa los pensamientos intrusivos?
Suelen aparecer por estrés o ansiedad elevados y por la forma en que el cerebro gestiona la incertidumbre. Son más frecuentes e intensos en trastornos como la ansiedad, la depresión o el TOC.
¿Cómo calmar los pensamientos intrusivos?
No luchando contra ellos: obsérvalos sin engancharte, practica mindfulness, reestructura el pensamiento, haz ejercicio y usa la técnica del «tiempo de preocupación». Si son intensos, acude a un profesional.
¿Se pueden eliminar del todo?
No es realista eliminar todo pensamiento intrusivo, pero sí reducir mucho su frecuencia, intensidad y el malestar que causan, hasta que dejen de condicionar tu vida.
¿Qué medicamento calma los pensamientos intrusivos?
En ansiedad y TOC se emplean con frecuencia los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina). Siempre bajo prescripción y seguimiento de un médico psiquiatra; nunca por cuenta propia.
¿Los pensamientos intrusivos son peligrosos?
En sí mismos no: son egodistónicos (chocan con tus valores) y no significan que vayas a actuar en consecuencia. Si generan mucho sufrimiento o rituales, conviene tratarlos.
Cómo Saber Cuando Una Persona Es Alcohólica. Psiquiatra Especialista En Adicciones.
¿En qué consiste el alcoholismo?
El alcoholismo —hoy denominado clínicamente trastorno por consumo de alcohol— es una enfermedad crónica caracterizada por el abuso de bebidas alcohólicas y por una adicción difícil de controlar. Al ser crónica, tiene una progresión generalmente lenta y tiende a agravarse con el tiempo.
Provoca dependencia física y psicológica, con un deseo intenso de beber (craving) y, a menudo, síndrome de abstinencia cuando se reduce o suspende el consumo: ansiedad, insomnio, malestar gastrointestinal, náuseas, sudoración, temblores o irritabilidad.
¿Cuándo se considera que una persona es alcohólica?
No lo define la cantidad exacta que se bebe, sino la relación con el alcohol y la pérdida de control. En medicina se usan dos referencias:
Criterios clínicos (DSM-5). Se habla de trastorno por consumo de alcohol cuando, en los últimos 12 meses, aparecen varios de estos signos: beber más o durante más tiempo del previsto, deseo persistente de reducir sin conseguirlo, dedicar mucho tiempo a beber o recuperarse, craving, descuidar obligaciones, seguir bebiendo pese a los problemas, tolerancia (necesitar más para el mismo efecto) y abstinencia. Según el número de criterios, se clasifica en leve (2-3), moderado (4-5) o grave (6 o más).
Referencia de la OMS. La OMS subraya que no existe un nivel de consumo totalmente seguro. Como orientación, beber a diario, necesitar alcohol para afrontar el día o superar de forma habitual el consumo de bajo riesgo son señales de alarma que justifican una valoración profesional.
En resumen: cuando el alcohol condiciona tu vida o no puedes controlarlo, ya es un problema, independientemente de la cantidad.
Cómo detectar que una persona es alcohólica: señales
Una persona con alcoholismo siente una necesidad imperiosa de beber y es incapaz de controlar o parar la ingesta una vez que empieza. La tolerancia (necesitar cada vez más para notar el efecto) es un rasgo característico. Otras señales frecuentes:
Pasar cada vez más tiempo bebiendo.
Tomar alcohol antes del mediodía o a solas.
Irritabilidad o ansiedad cuando no se bebe.
Priorizar el beber frente a otras actividades o intereses.
Seguir bebiendo aun sabiendo que perjudica su salud.
Beber para «sentirse mejor» o relajarse.
Comprar alcohol de forma compulsiva o esconderlo.
Descuidar responsabilidades en el trabajo o en el hogar.
Cambios físicos, alteraciones del equilibrio y cambios emocionales bruscos.
Lagunas de memoria tras beber y excusas constantes para seguir haciéndolo.
Test rápido: ¿podrías tener un problema con el alcohol?
El test CAGE es una herramienta de cribado sencilla. Responde con sinceridad:
¿Has pensado alguna vez que deberías reducir tu consumo de alcohol?
¿Te molesta que otras personas critiquen tu forma de beber?
¿Te has sentido culpable por beber?
¿Has bebido alguna vez a primera hora de la mañana para calmar los nervios o la resaca?
Dos o más respuestas afirmativas sugieren un posible problema con el alcohol y la conveniencia de consultar con un profesional. Este test orienta, pero no sustituye a una evaluación médica.
Fases del alcoholismo
El alcoholismo suele desarrollarse de forma progresiva. De manera simplificada, se describen cuatro fases:
Fase inicial (sintomática). Se bebe para aliviar tensión o socializar y empieza a aumentar la tolerancia.
Fase prodrómica. Aparecen las primeras lagunas de memoria, se bebe a escondidas y surgen sentimientos de culpa.
Fase crucial. Se pierde el control sobre la bebida, el alcohol se prioriza sobre todo lo demás y aparecen problemas familiares, laborales y de salud.
Fase crónica. Hay dependencia física: se necesita beber para funcionar, con deterioro físico y psicológico importante.
Tipos de alcoholismo (clasificación de Jellinek)
Una de las clasificaciones más conocidas es la de Jellinek, que distingue varios patrones:
Alfa: consumo para aliviar malestar físico o emocional, sin pérdida de control.
Beta: consumo elevado con complicaciones físicas, pero sin dependencia.
Gamma: pérdida de control y dependencia (el patrón más frecuente).
Delta: incapacidad de abstenerse, con consumo continuo.
Épsilon: consumo episódico en forma de crisis («dipsomanía»).
Causas del alcoholismo
No hay una única causa. Suelen combinarse factores genéticos, psicosociales y ambientales. Crecer con progenitores con alcoholismo aumenta la probabilidad (factor ambiental y genético), igual que ciertos rasgos psicológicos o trastornos como la ansiedad o la depresión. Existe además una vulnerabilidad genética: algunas personas notan efectos menos aversivos del alcohol, lo que facilita el consumo. En cualquier caso, se trata de una relación de mayor vulnerabilidad, no de causa-efecto directa.
Consecuencias del alcoholismo
El consumo abusivo tiene consecuencias graves a nivel físico, emocional, social y económico, y afecta no solo a la persona sino a todo su entorno. A nivel social se relaciona con accidentes, conflictos de convivencia y episodios de agresividad. A nivel personal, agrava o provoca ansiedad, depresión, trastornos del sueño, sentimientos de culpa y vergüenza y, en los casos más graves, ideación suicida.
Cómo ayudar a una persona alcohólica
Si sospechas que un familiar o tu pareja tiene un problema con el alcohol:
Habla desde el afecto, no desde el reproche. Elige un momento de calma y evita culpabilizar.
No encubras ni facilites el consumo (no justifiques ausencias ni le compres alcohol).
Infórmate y busca apoyo profesional cuanto antes: el alcoholismo es una enfermedad tratable.
Cuida también de ti. El entorno sufre y necesita apoyo (grupos de familiares, terapia).
La recuperación es más probable cuanto antes se interviene y siempre con acompañamiento profesional.
¿Qué hacer si crees que tienes un problema con el alcohol?
El primer paso es una evaluación con un médico psiquiatra especialista en adicciones. Tras valorar tu situación, se define el tratamiento adecuado —médico y psicológico— para iniciar la recuperación con ayuda y sin juicios. Cuanto antes se trate, mejor es el pronóstico. Pide cita con el Dr. Sánchez Menéndez.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se considera que una persona es alcohólica?
Cuando pierde el control sobre la bebida y esta condiciona su vida, con independencia de la cantidad. Clínicamente (DSM-5) se valora por criterios como el craving, la tolerancia, la abstinencia o seguir bebiendo pese a los problemas.
¿Cuántas fases tiene el alcoholismo?
Habitualmente se describen cuatro: inicial (sintomática), prodrómica, crucial y crónica, con una progresión de menor a mayor dependencia y deterioro.
¿Beber todos los días significa ser alcohólico?
Beber a diario es una señal de alarma, pero el diagnóstico depende de la pérdida de control y de la dependencia, no solo de la frecuencia. Conviene una valoración profesional.
¿Cómo puedo ayudar a un familiar alcohólico?
Háblale desde el afecto, no encubras su consumo, busca apoyo profesional cuanto antes y cuida también de ti. El alcoholismo es una enfermedad tratable.
¿El alcoholismo tiene cura?
Es una enfermedad crónica, pero con tratamiento adecuado la mayoría de las personas logra la recuperación y una vida plena. La intervención temprana mejora mucho el pronóstico.
Es común asociar la Navidad con una época de gran felicidad, donde todos debemos desprender alegría y disfrutar de cada celebración. Sin embargo, para muchas personas que padezcan depresión puede ser lo contrario. No pueden evitar sentirse tristes durante la época más alegre del año. Además, a esto hay que sumarle el esfuerzo de mostrar tu mejor cara, lo cual, puede ser bastante complicado de llevar.
Por otro lado, hay personas que pueden experimentar un estado más negativo en Navidad (blues navideño o depresión blanca). No llega a ser un trastorno mental, pero se caracteriza por la aparición de síntomas como la tristeza, el insomnio, el mal humor o la ansiedad.
Uno de los motivos de malestar en estas fechas puede ser el estrés que producen las reuniones familiares. En ocasiones, la autoexigencia y el deseo de vivir unas Navidades perfectas puede jugarnos una mala pasada. Es difícil compatibilizar la vida laboral y familiar con las vacaciones escolares, la presión social por organizar grandes encuentros y la compra de regalos a veces por encima de nuestras posibilidades.
Es bastante grande el esfuerzo que supone comprar, limpiar y organizarlo todo en estos encuentros, al igual que las posibles tensiones familiares que pueden surgir en las celebraciones, lo cual tampoco ayuda.
Síntomas de la depresión en Navidad
Los síntomas más frecuentes son como los de una depresión normal, que pueden aparecer o ser más evidentes en estas fechas:
Falta de energía
Pensamientos altamente negativos, críticos y desesperanzadores
Irascibilidad. Todo puede provocar un enfado o molestar
Sensación de cansancio físico incluso cuando no se ha realizado ningún ejercicio
Apatía o pérdida de interés por cosas que antes nos ilusionaban o gustaban
Permanente tristeza durante casi todo el día o durante varios seguidos
Necesidades de aislamiento social o falta de interés por estar con otras personas
Consejos para la depresión navideña
En el caso de que padezcamos depresión o nos sintamos más decaídos en estas fechas, aquí te dejamos algunos consejos para afrontar esta época lo mejor posible:
Si estamos siguiendo algún tipo de tratamiento, es crucial mantenerlo durante las fiestas, así como seguir con hábitos y rutinas saludables que nos hayan ayudado (meditación, ejercicio, descanso…).
Mantener una alimentación sana y equilibrada fuera de las celebraciones y evitar en la medida de lo posible el consumo de alcohol y sustancias estupefacientes. No podemos olvidar que el alcohol puede empeorar la depresión.
Aprender a decir que “no” cuando no nos apetezca hacer algo y llevar a cabo actividades que nos hagan sentirnos bien con nosotros mismos.
Buscar tiempo para nosotros mismos. Debemos convertir el autocuidado en una prioridad. Cada persona es diferente. Hay que valorar qué nos ayuda a sentirnos mejor y buscar tiempo para cuidarnos.
Establecer unas expectativas reales sobre la situación actual familiar y sobre cómo van a ser las celebraciones. Intentar no poner unas expectativas demasiado altas de las próximas navidades. Prioriza el bienestar y la tranquilidad por delante de otros deseos materiales concretos, como la decoración navideña, los regalos o las comidas especiales.
Si en estas fechas nos sentimos solos, podemos hablarlo con amigos, familiares y conocidos para pedir de forma clara ayuda y compañía. Existen organizaciones sociales que ofrecen encuentros en estas fechas. Puede ser una buena alternativa para disfrutar de unas fiestas acompañados. Podemos investigar si existe este tipo de opciones en nuestro ayuntamiento.
Planifica con tiempo las celebraciones dentro de lo posible.
Reflexionar sobre lo que es realmente esencial y prioritario para nosotros y de qué cosas podemos prescindir.
Repartir las tareas entre las personas que se van a reunir, adaptadas a las posibilidades de cada uno. De esta forma, el peso de la organización no recae sobre una persona solo.
Revisa los gastos que vamos a tener tanto en comida como en regalos, en función a nuestro presupuesto y nuestras necesidades reales y ceñirnos a este presupuesto.
Ser claros sobre nuestras necesidades y sentimientos con las personas de nuestro entorno.
Si prevemos conflictos familiares, podemos reflexionar con antelación sobre cómo queremos manejar estas situaciones. Hay que recordar que no todas las celebraciones son iguales, y que, si no nos sentimos cómodos, podemos retirarnos.
Es muy importante que, ante una aparición o un empeoramiento de la depresión en estas fechas, pidamos ayuda siempre que lo sintamos necesario. Ya sea a personas cercanas o a un profesional de la salud, como un psiquiatra, es relevante que lo comuniquemos.
La esquizofrenia infantil. ¿Cuáles son sus síntomas?
La esquizofrenia infantil es una enfermedad crónica que puede dificultar el desarrollo de nuestros hijos en el mundo. Sin embargo, gracias a los últimos avances en medicina y salud mental, es posible mejorar en gran medida la calidad de vida de un niño con esquizofrenia. Cuanto antes nos demos cuenta de que nuestro hijo puede padecer este trastorno, más fácil será que nuestro pequeño disfrute de un desarrollo y vida plenos. Por lo que, hoy te explicamos cuáles son los principales síntomas de la esquizofrenia, así como, las primeras señales de alerta que debemos observar.
Qué es la esquizofrenia y cómo se puede presentarse en los niños
La esquizofrenia es un trastorno mental grave en el que los niños y niñas no son capaces de interpretar la realidad de forma normal. Es una enfermedad que actúa de igual manera en pacientes adultos e infantiles, produciendo alteraciones y daños en el cerebro, así como problemas relacionados con el pensamiento, el comportamiento o las emociones.
Normalmente, su aparición es posterior a los cinco años, aunque también es muy común que se inicie en la adolescencia.
Al tratarse de una enfermedad crónica, el paciente requiere de un tratamiento de por vida. Por lo que, identificar e iniciar el tratamiento para la esquizofrenia infantil lo antes posible puede ayudar muchísimo en los resultados del niño a largo plazo.
Síntomas esquizofrenia infantil
Los síntomas de la esquizofrenia infantil son prácticamente iguales que los que sufren los adultos. Los niños y adolescentes con esquizofrenia son propensos a sufrir alucinaciones, delirios (falsas creencias que implican una interpretación errónea de percepciones o experiencia) o paranoia (miedo a que otros estén planeando hacerles daño o estén controlando sus pensamientos).
En los niños, es probable que estos síntomas aparezcan de forma gradual y se agraven con el tiempo. Por lo que, detectar la esquizofrenia a tiempo es crucial para mejorar en la medida de lo posible su calidad de vida. Por lo que, debemos estar atentos si presentan los siguientes síntomas:
Tener alucinaciones, ver y oír cosas que no son reales
Sufrir confusión en la forma de pensar
Comportarse de manera excéntrica o extraña
Tener ideas y pensamientos poco usuales y raros
Poseer un humor cambiante en lo extremo
Tener pensamientos de que le están persiguiendo o que están hablando de él
Sufrir de ansiedad severa y temeridad
Confundir la televisión y los sueños con la realidad
Disminuir la higiene personal
Tener problemas para relacionarse y hacer amigos
Comportarse como un niño más pequeño
Aumento del aislamiento
Primeras señales de alerta de la esquizofrenia en niños
Aunque ya hemos visto los síntomas más comunes de la esquizofrenia infantil, existen ciertas señales de alertas que debemos tener en cuenta para buscar ayuda médica:
Los profesores advierten ciertos cambios de comportamiento en la escuela que habrá que observar
Retrasos en cuanto al desarrollo del niño o niña en comparación con el resto de niños su misma edad
Aparición de hábitos alimenticios poco usuales, como comer alimentos de un solo color
Nuestro hijo no muestra interés por socializar, muestra emociones que no son adecuadas para situaciones determinadas o carece de empatía
Se vuelve más violento o detectamos cierta agresividad o agitación en su comportamiento.
Ante la duda, acude siempre a tu médico de cabecera o pediatra. Ellos son capaces de detectar si existe esquizofrenia infantil y si es necesario derivarlo a un psiquiatra especializado.
Causas de la esquizofrenia infantil
A día de hoy, no se ha encontrado un único factor causante de la enfermedad. Su aparición puede deberse a varios factores: sociales, biológicos o ambientales.
Factores genéticos: la esquizofrenia puede estar causada por la acción conjunta de varios genes. Hay estudios que revelan que puede existir hasta un 45 % de probabilidad de ser esquizofrénico si ambos padres lo son, y entre un 12 % y un 15% si lo es uno de los dos progenitores.
Factores biológicos: complicaciones en el embarazo, traumatismos, infecciones, alteraciones en los neurotransmisores (dopamina, glutamato).
Factores socio-ambientales: situaciones complicadas o extremas como de pobreza, entornos de escasa estimulación o familias con alto nivel de expresividad de las emociones.
Tratamiento para esquizofrenia infantil
La esquizofrenia como tal no tiene cura. Sin embargo, con la ayuda de fármacos antipsicóticos, se pueden controlar las alucinaciones y los delirios. En el caso de que los síntomas empeoren, los niños deben ser hospitalizados, ya que, seguramente, será necesario reajustar la mediación.
Para el tratamiento de la esquizofrenia es vital que se detecte cuanto antes. De esta forma, el niño podrá mejorar su calidad de vida.
Por otro lado, es esencial que el niño reciba entrenamiento en habilidades sociales, así como rehabilitación y apoyo psicológico y educativo. Además, debe brindarse a los familiares asesoramiento para ayudarles a enfrentar la enfermedad y sus consecuencias.
En estos casos, los médicos o pediatras derivan los niños a un psiquiatra especializado en el tratamiento infantil. El psiquiatra Sánchez-Menéndez es especialista en trabajar con jóvenes y niños de diferentes edades y con distintos trastornos mentales, entre ellos, la esquizofrenia. No dudes en ponerte en contacto con él si quieres ayudar a tus hijos y mejorar significativamente su calidad de vida.
¿Qué es la depresión posparto? Causas y factores de riesgo
Durante y después de un embarazo, el cuerpo y la mente de una mujer atraviesan numerosos cambios. El nacimiento de un bebé puede ser un proceso muy estresante que desencadena una mezcla de emociones en la madre. Desde el entusiasmo más absoluto hasta el miedo o la ansiedad por la nueva situación que hay que afrontar. Todos estos cambios pueden derivar en una depresión posparto. Veamos más a fondo qué es la depresión posparto.
Qué es la depresión posparto
La depresión posparto es un tipo de depresión que puede ser de moderada a intensa en una mujer después de haber dado a luz. Se trata de una enfermedad mental grave que involucra al cerebro y que tiene efectos directos sobre la salud, tanto física como conductual. Es un tipo de enfermedad que puede interferir en la vida diaria de la mujer, provocando sentimientos de tristeza, desánimo o vacío que no desaparecen.
Se trata de un trastorno más común de lo que imaginamos, ya que, una de cada nueve mujeres que dan a luz, tienen depresión posparto.
La depresión posparto puede presentarse poco después del parto, o incluso, ser una depresión posparto tardía y llegar un año más tarde. Aunque, la mayoría transcurren en los tres meses después del parto.
En general, muchas mujeres sienten la tristeza posparto en los 3-5 días posteriores. Si la depresión dura más de dos semanas después del parto, es importante que hables con tu médico. No es normal sentirse sin emoción, triste o vacía la mayor parte del tiempo. Por lo que, si sientes que no te preocupas por tu bebé, es posible que tengas depresión posparto.
Síntomas de la depresión posparto
Los síntomas de la depresión posparto pueden ser similares a la de una depresión común. Es normal sentirse abrumada cuando llega un bebé. Lo que no es normal, es sentir los siguientes síntomas de depresión durante más de dos semanas:
Intranquilidad y mal humor
Sentimientos de tristeza, desesperanza
Llorar mucho
Tener pensamientos sobre hacer daño al bebé
Tener pensamientos de autolesionarse
No tener interés por el bebé o no sentirse conectada a él, como si no fuera suyo
No tener apetito o comer poco
Comer demasiado
Dormir poco
Dormir demasiado
Dificultad para concentrarte o tomas decisiones
Tener problemas de memoria
Sentirse mala madre, culpable o sin valor
Pérdida de interés o dejar de disfrutar de actividades que antes disfrutaba
Alejarse de la familia y amigos
Dolores de cabeza, problemas estomacales o malestar que no desaparece
Causas de la depresión posparto y los factores de riesgo
Aunque descifrar las causas exactas de una depresión posparto es complicado, existen ciertas vulnerabilidades que pueden propiciar su aparición.
Las hipótesis que intentan explicar la depresión posparto se engloban dentro del modelo general de vulnerabilidad frente al estrés. En este modelo se considera al parto como un estresor inmunológico y neurohormonal, y, la transición hacia la maternidad, como un estresor psicosocial. Ambos exigen de un esfuerzo adaptativo de nuestro organismo para responder a las exigencias de la maternidad.
Al fin y al cabo, la vulnerabilidad puede ser la consecuencia de diferentes tipos de vulnerabilidad psicobiológica. Dicha vulnerabilidad puede deberse a diferentes factores:
Vulnerabilidad genética: genes relacionados con la serotonina y la depleción de triptófano están implicados con la respuesta al estrés y, con receptores estrogénicos.
Vulnerabilidad cognitiva: la experiencia del embarazo y el parto es diferente según los rasgos de personalidad, el estilo cognitivo, las estrategias de afrontamiento y el apoyo familiar, social y logístico.
Vulnerabilidad neurohormonal: la disminución violenta de estrógenos en el parto y posparto conlleva a la disminución aguda de neurotransmisores cerebrales, que son los que contribuyen a la presencia de los síntomas depresivos del posparto.
Vulnerabilidad psicosocial: los cambios en la compaginación y transición de roles, unido a otros factores psicosociales, pueden afectar al estado anímico. Como, por ejemplo: cambios físicos, pérdida de estatus laboral, falta de tiempo, pérdida de autonomía, aislamiento social, etc.
En cuanto a los factores de riesgo, encontramos:
Historial de enfermedades previas relacionadas con la depresión: es uno de los factores que mayor riesgo presentan de desarrollar una depresión posparto.
Síndrome premenstrual: debido a los cambios en las hormonas reproductivas que se producen en el posparto, las mujeres que padecen este síndrome pueden presentar sintomatología depresiva.
Acontecimientos vitales estresantes: si durante el embarazo se experimentan situaciones extremas, como la muerte o la enfermedad de un ser querido, no haber planificado el embarazo y que no sea buscado, tener sentimientos contradictorios, o situaciones estresantes como problemas económicos, de vivienda o el tener que estar al cargo del cuidado de otros familiares.
Situaciones de violencia o abuso: sobre todo las mujeres expuestas a maltrato de pareja durante el embarazo, aunque también si lo han sufrido en la infancia o en la adolescencia.
Rasgos extremos de personalidad: las mujeres con elevada inestabilidad emocional y tendencia a la baja autoestima o al excesivo perfeccionismo. También la falta de apoyo familiar, pareja o amistades.
Depresión posparto tratamiento
Existe tratamiento para una depresión posparto, desde terapia hasta la ingesta de determinados medicamentos que pueden ayudar a la madre a estar lo más saludable posible en el futuro. Existen distintos tipos de medicamentos para la depresión posparto, siempre recetados por un médico o psiquiatra.
Los tratamientos, tanto de terapia como de medicamentos, se pueden recibir solos o de forma conjunta, en función de lo que determine la persona especialista.
Debemos recalcar que tomar medicación o acudir a terapia no hace a una mujer mala madre. La depresión posparto se trata de un trastorno mental más que necesita de un tratamiento profesional. Recuerda que buscar ayuda es realmente una señal de fortaleza.
La relación entre el Alzheimer y la genética es un tema que preocupa mucho a las familias en las que hay antecedentes por si puede ser una enfermedad hereditaria. Sin embargo, tal y como vamos a explicar en este artículo, el Alzheimer no es hereditario en la gran mayoría de los casos. Es decir, que un padre o una madre tengan o hayan tenido la enfermedad no significa necesariamente que sus hijos vayan a desarrollarla.
En el 99% de los casos, la genética no es un factor determinante en la aparición de la enfermedad de Alzheimer. En concreto, el principal factor de riesgo para que la enfermedad se manifieste es el hecho de envejecer.
9 Mitos más comunes acerca del Alzheimer
Después de realizar un largo estudio sobre la enfermedad del Alzheimer, hemos querido recopilar una lista con los 9 mitos más populares:
Demencia y Alzheimer son la misma enfermedad
Falso. Se conoce por demencia al padecimiento que ocasiona profundas alteraciones en la función cerebral. La persona con demencia hace cosas que no tienen sentido (pone las llaves en el congelador), tiene dificultades para realizar rutinas y no recuerda las cosas que le suceden unas horas o unos días antes. Existen múltiples causas de demencia y la enfermedad de Alzheimer representa aproximadamente entre 60 a 80% de los casos. Los pequeños derrames cerebrales, la enfermedad de Parkinson y el alcoholismo pueden ser otras causas de demencia.
Solo ocurre en personas mayores
Falso. Si bien es cierto que en la gran mayoría de los casos la enfermedad se desarrolla una vez cumplidos los 65 años, también es posible que padezcan esta enfermedad personas más jóvenes. Estos casos, pocos frecuentes, se ven generalmente en familias susceptibles. Se calcula que el riesgo de padecer Alzheimer se duplica cada cinco años después de la edad de 65 y que aproximadamente la mitad de las personas a los 85 años no padece de Alzheimer.
La pérdida de memoria es parte normal del envejecimiento
Falso. De igual manera que hay un sector de la población que pierde cierto grado de memoria con los años, existe otro que mantiene sus plenas facultades hasta edades muy avanzadas. Tener pérdida de memoria, sobre todo si es un problema recurrente y dura más de seis meses, debe llevarte a una evaluación médica completa para descartar algún tipo de demencia, incluyendo el mal de Alzheimer.
La enfermedad de Alzheimer no causa la muerte
Falso. Se podría decir que aparte de accidentes que pueden ocurrir a consecuencia del Alzheimer (incendios, caídas, atropellos, etc.), en su etapa avanzada, la enfermedad causa desnutrición, deshidratación, úlceras de decúbito (heridas en los glúteos por estar acostado mucho tiempo) y neumonías, provocando así la muerte.
Se puede prevenir
Falso. A día de hoy desconocemos la causa y el origen de dicha enfermedad. Por esta razón, es inviable prevenirla. No obstante, un estilo de vida saludable donde te alimentes de abundantes cantidades de frutas y vegetales y practiques ejercicio semanalmente sigue recomendándose como garantía para una buena salud. Porque todos sabemos que: cuerpo sano, mente sana.
Golpes en la cabeza pueden detonar la enfermedad
Falso. Frecuentes golpes en la cabeza pueden causar diversos grados de hemorragias cerebrales, las cuales pueden causar la encefalopatía traumática crónica en futbolistas o la encefalopatía pugilística en boxeadores, ninguna de las cuales está relacionada al Alzheimer. Por otra parte, tampoco se ha comprobado que el uso de drogas cause la enfermedad.
Las personas no se integran ni disfrutan de actividades
Falso. Adecuadamente tratadas y estimuladas, las personas con Alzheimer pueden integrarse perfectamente a la familia y pueden divertirse como cualquier otra persona. Lo importante es aprender a conocer sus reacciones, identificar y corregir los motivos de estrés y aprender a integrarlos al grupo.
El olvidarse de las cosas indica que voy a padecer de Alzheimer
Falso. Todos sufrimos de olvidos, siendo la falta de atención a los detalles (debido a la ansiedad o el estrés) los mayores causantes de ese problema. Para que el olvido sea un síntoma con valor médico debe ser constante, causar problemas en la vida diaria y durar por lo menos seis meses.
La depresión y la soledad pueden detonar Alzheimer
Falso. Si bien es cierto que la depresión es una condición que puede estar presente al inicio de la enfermedad de Alzheimer, no existe evidencia de que la cause. Es importante saber que el tratamiento para la depresión puede ayudar en el manejo temprano del Alzheimer, pero no existe evidencia científica de que la soledad o la depresión detonen la enfermedad.
Si empiezas a sospechar que alguien de tu entorno empieza a sufrir síntomas relacionados con el Alzheimer, o incluso si eres tú, puedes consultar una cita con el médico psiquiatra Sánchez-Menéndez, quien estará dispuesto a efectuar la evaluación psiquiátrica pertinente. A través de una consulta, se podrá orientar una primera impresión diagnóstica que permita empezar un tratamiento específico y personalizado. Porque sabemos que, tanto los síntomas más graves hasta los más leves, lo sufrimos todos, tanto el paciente que los padece, como su círculo más cercano.
La nueva forma de ansiedad social: el fenómeno FOMO
¿Cuántas veces has ido a un concierto y estaban la mayoría de las personas de tu alrededor grabando las canciones? ¿Has estado alguna vez en una puesta de sol sin nadie haciendo fotos?
Nos encontramos en una sociedad donde la gente vive con miedo a perderse experiencias por no poder compartirlas luego con su entorno, y con un temor aún más grande de no recibir interacciones en redes sociales. Es ahí donde entra el fenómeno “FOMO”.
FOMO, por sus siglas en inglés, “fear of missing out”, que significa miedo a perderse algo. A continuación, hablaremos de él más a fondo.
¿Cuáles son los síntomas?
Este síndrome, que se acuñó su término en 2004, pero que sin embargo no está del todo popularizado, lo podemos encontrar en personas mucho más de lo que creemos.
Algunos de los síntomas que presentan estas personas son:
Tendencia a usar desmesuradamente los dispositivoselectrónicos. La mayoría de las veces sin un objetivo concreto, simplemente actualizando de manera obsesiva las distintas redes sociales.
Reducción de la motivación académica o laboral, centrándose más en la interacción virtual.
Problemas de autoestima ya que hay una comparación constante entre nuestra propia vida y la que los demás transmiten en redes.
Sintomatología ansiosa por no tener el móvil cerca, estar fuera de cobertura o sencillamente quedarse sin batería.
Dificultad a la hora de interactuar con otras personas que no sea a través de la pantalla.
Los jóvenes: los que más lo padecen
Los últimos estudios dictan que el sector de población que más sufre este síndrome son los jóvenes, quienes están continuamente necesitando ser aceptados por un grupo, sentirse queridos y compitiendo en repetidas ocasiones con el resto en las redes sociales para sentirse iguales o mejores.
Pero no son solo los jóvenes, podríamos decir que las personas con más probabilidad de padecer FOMO son aquellas con baja autoestima, muy dependientes, que necesitan recibir likes, halagos y comentarios positivos para quererse a sí mismos, y que se evaden a través de las redes de una realidad con la que no están satisfechos, partiendo de la infinidad de filtros que estas ofrecen y que pretenden embellecer el contenido y a nosotros.
Este síndrome provoca una distorsión cognitiva por la que no se distingue lo que es real de lo que no.
¿Cuándo debo ir a un profesional?
La solución ante este síndrome que puede derivar en ansiedad, depresión e incrementar todavía más los problemas de autoestima que originen trastornos de conducta está en encontrar primero la causa que lo ha provocado. Apagar el móvil o desinstalar las aplicaciones en las que mayor tiempo pases no solucionará nada realmente, pues lo único que hace es evitar el problema, ya que debemos reconocer que las redes forman parte de nuestra vida y que es imposible no hacer ningún uso de ellas.
Lo que debemos hacer es cambiar los hábitos en el uso de los dispositivos y practicar una actitud adecuada, moderada y racional en la gestión de las redes, trabajar la autoestima y centrar los esfuerzos en el día a día para hallar el equilibrio en su uso.
De igual manera, evita publicar continuamente lo que haces en redes sociales, no contestes inmediatamente a mensajes que no tienen ninguna urgencia y prioriza a las personas de tu alrededor.
El trastorno se complica cuando una persona no puede permanecer desconectada entre uno y tres días. Es en este momento cuando se debe solicitar ayuda de un profesional, ya que quedarse al margen de la tecnología por unos días no tendría que suponer un problema para nadie.
Si has descubierto que padeces FOMO y no eres capaz por ti mismo de permanecer desconectado del móvil entre uno y tres días y de prestar más atención a las personas que están a tu alrededor que a los de detrás de la pantalla, lo más recomendable es que solicites ayuda de un profesional que te sabrá guiar y te mostrará las herramientas necesarias para superar este problema.
Aceptar que tienes FOMO es muy difícil porque no es una enfermedad como tal. Por esta razón, para reconocerlo debes analizar tu día, ser realista contigo mismo y hacerte la siguiente pregunta: ¿Dónde paso más tiempo? ¿En un entorno digital o real?
El doctor Sánchez Menéndez habla en Antena 3 sobre salud mental en niños y adolescentes
A raíz de la fatídica masacre en un colegio de Texas en EEUU, se ha planteado el papel de las redes sociales y cómo pueden afectar a la salud mental de niños y adolescentes. El joven que cometió el asalto, previamente lo avisó en sus propias redes sociales. Sabemos por sus allegados que sufrió acoso escolar, pero desconocemos otras muchas cosas sobre su entorno, vivencias y desarrollo para saber con exactitud que le llevó a hacerlo.
En este artículo veremos porqué es muy difícil saber a ciencia cierta si padecía un trastorno mental o no, así como las posibles señales a las que, como padres, debemos estar atentos. Además, veremos cómo pueden afectar las redes sociales en la población infanto-juvenil, un sector muy sensible al estar en pleno desarrollo.
¿Podemos encontrar una respuesta en la psiquiatría a este comportamiento?
Como veíamos antes, saber lo que pasa en la mente de una persona con exactitud es bastante complejo, sobre todo, sin tener un acercamiento en la consulta donde poder estudiarlo a fondo. Para ello, habría que sentarse previamente con ese niño o adolescente, y, sobre todo, hacerlo antes de que se desarrollen acontecimientos así.
El doctor Sánchez Menéndez aclara que no debemos psiquiatrizar todo comportamiento humano. Es cierto que la psiquiatría está cambiando y que ya no solo se trabaja con trastornos mentales graves. Hoy en día no hace falta sufrir un trastorno de gravedad para acudir a la consulta. Sin embargo, no siempre podemos encontrar una justificación a un mal comportamiento en la psiquiatría, es decir, en la alteración del juicio de una persona. La psiquiatría es una rama más de la medicina que estudia la enfermedad del sistema nervioso central, pero no siempre justifica los actos humanos que pueden generarse.
“No podemos buscar siempre la respuesta en la psiquiatría, porque no siempre existe en ella”. Así, el doctor nos explica la complejidad de encontrar el porqué de los actos de una persona. No podemos afirmar con total certeza que el joven tuviera algún tipo de trastorno mental. Para ello, habría sido necesario un análisis en consulta, durante un periodo largo con el objetivo de poder estudiar cómo se adapta a las diferentes dificultades que tenía en su vida diaria. Cuando hablamos de cerebros de niños y adolescentes necesitamos un periodo de tiempo largo, una evolución, para ver cómo está madurando y creciendo.
Los psiquiatras infanto-juveniles necesitamos tiempo, no tener prisa. No se puede establecer una identidad diagnóstica en un día, por ejemplo.
Es esencial poder abordar al niño, a la familia, entender su contexto social, su contexto cultural, su contexto académico, y, una vez recabados todos esos datos, se podría construir una historia médica, y, con el tiempo, se podrá establecer o no un diagnóstico médico.
¿Cómo podemos interpretar las señales de alerta?
Muchas veces, a las propias familias se les escapan las señales de alerta de un niño o adolescente. Al final, la familia es el primer escalón. Si los padres no preguntan, no son sensibles a pequeños cambios de conducta, de comportamiento, de rendimiento académico, de si dejan de salir con sus amigos, de salir a la calle, o cada vez tienen más complicaciones para ir al colegio, etc. En casa también debemos saber detectar este tipo de cambios que son el primer síntoma de que algo no va como debería.
Sin embargo, no todos los niños transmiten esos síntomas de la misma forma. Muchos niños hacen un esfuerzo titánico por no ser transparentes y por no trasladar en casa esa problemática que están teniendo en el colegio. Normalmente, son niños con un perfil de baja autoestima, de mucha inseguridad, o que están viviendo en casa un mal momento (fallecimiento de familiar, divorcios, hermanos problemáticos). Son niños que no quieren aportar más problemas a casa.
Es cierto que nuestro ritmo de vida muchas veces no permite a los padres estar encima, o pasar tiempo de calidad con los niños. No obstante, en casa es donde hay que depositar la principal responsabilidad, y no en personal externo o profesional, como profesores, monitores o médicos. Los padres debemos estar atentos y velar porque todo vaya bien. Al fin y al cabo, la crianza es responsabilidad de los padres.
¿Cómo están afectando las redes sociales en los niños y adolescentes?
Un ejemplo que puso el doctor en la charla es la típica dinámica familiar que se da en un restaurante, por ejemplo. Nos cuenta cómo los padres acuden a los móviles y las Tablets para distraer y calmar a los más pequeños. Con este tipo de actos, estamos privando a los niños de una inclusión familiar. Sin embargo, cuando crecen y sí queremos que se incluyan porque es más sencillo interactuar con ellos, ya es complicado, ya que en su día no aprendieron a incluirse. Lo que no somos capaces de sembrar en el principio, no lo vamos a obtener después.
Además, aclara que las redes sociales están siendo el cáncer del siglo XXI para la población infanto-juvenil. Las redes sociales son un escaparate y una fuente de información precoz para el cerebro de estos niños. Un niño está recibiendo demasiada información y de todo tipo por las redes sociales. Si no hay control por parte de los padres, se abren a lo mejor, pero también a lo peor, lo que genera unas complicaciones tremendas.
Por ejemplo, en la actualidad, existe entre los jóvenes una moda conocida como “role play”, que consiste en crearse 10 o 15 perfiles de Instagram con diferentes personalidades. Dependiendo de lo que le apetezca ser hoy o con quien quieren interaccionar, el niño se meterá en un perfil u otro. A través de estos perfiles están aislados de la exposición social en la calle, y tiene un mundo totalmente paralelo y totalmente distorsionado, llegando incluso a dudar de su propia personalidad, de su identidad de género o sexualidad, solo porque ese mundo de fantasías virtual les genera una clara distorsión del camino por donde ellos irían si no estuviesen expuestos a esto.
En definitiva, el papel de los padres es primordial para la prevención y el tratamiento de los niños y adolescentes. Tanto a la hora de detectar señales de alerta que nos indiquen que algo no va como debería, como para protegerlos en las redes sociales.
A continuación, te dejamos el vídeo completo de la entrevista en Antena 3, en la que no solo participa el Psiquiatra, sino que también el educador Jero García. Ambos hablan y debaten sobre los problemas que afrontan niños y jóvenes hoy en día, como el acoso escolar, las relaciones en las redes sociales y el desarrollo de la propia personalidad. Un encuentro bastante enriquecedor a la vez que interesante.
Preguntas frecuentes en la consulta del psiquiatra sobre salud mental
Si alguna vez te han surgido dudas sobre el mundo de la psiquiatría y las enfermedades mentales, en el artículo de hoy vamos a tratar de resolver algunas de las preguntas más frecuentes que surgen en la consulta.
¿Las enfermedades mentales se pueden curar o son para siempre?
Esta es una de las preguntas más recurrentes en la consulta. Hemos de aclarar que todo depende de la enfermedad mental y el grado de la misma. Hay algunas enfermedades mentales que remiten o “se pasan” como, por ejemplo, un trastorno adaptativo. En cambio, existen otras que, aunque no se vayan, se pueden manejar, controlar y aliviar, como la esquizofrenia, los trastornos de pánico o los trastornos bipolares. Lo más importante es buscar ayuda cuanto antes y cumplir con el tratamiento recetado. El cumplimiento es vital en cualquier fase en la que se encuentre.
¿Cómo se puede detectar si alguien de mi entorno padece una enfermedad mental?
Si nos preocupa alguien de nuestro entorno, podemos atender a ciertas señales significativas que pueden servirnos de pistas de que algo no va bien. Por ejemplo, la pérdida de apetito, cambios en el peso corporal o problemas para dormir, son algunas claves que podemos tener en cuenta.
También, cuando detectamos que una persona tiene el sentimiento recurrente de culpa porque no le apetece salir o distraerse. Al igual que si ya no disfruta de las actividades que antes le proporcionaba placer.
¿Cómo detectar enfermedades mentales en nuestros hijos adolescentes?
Esta es una de las preocupaciones más extendidas en los padres. Saber si nuestro hijo necesita ayuda es crucial para poder darle la asistencia necesaria. Por ejemplo, las adicciones en adolescentes, como el consumo de drogas o alcohol, pueden manifestar conductas alteradas o inestables, pero también presentar síntomas de depresión.
¿Cómo saber si tengo que ir al psiquiatra?
Puede que sea necesario acudir cuando padecemos un malestar que no es físico y que se prolonga en el tiempo y en intensidad. Algunas claves que podemos tener en cuenta si tenemos dudas acerca de ir al psiquiatra o no son:
Si sufrimos alteraciones en nuestra rutina, como cambios en hábitos alimenticios, cambios en el sueño, problemas de concentración o de memoria.
Si se presentan cambios en nuestra personalidad o comportamiento, preocupación excesiva, dificultades a la hora de tomar decisiones, falta de ánimo, ira, manías, ataques de pánico, alucinaciones, obsesiones desmesuradas, impulsos sexuales no aceptables o miedos excesivos, entre otros.
También, cuando se sufre alguna adicción. La dependencia a ciertas sustancias puede ser tan fuerte que es casi imposible dejar de consumir sin ayuda psiquiátrica.
¿Cuánto tiempo dura el tratamiento psiquiátrico?
Los tratamientos psiquiátricos no tienen una fecha límite. Cada paciente avanza a ritmos diferentes, por lo que no existe una duración establecida para cada tratamiento. La obtención de buenos resultados dependerá de un tiempo del tratamiento adecuado. Si se abandona el tratamiento, se puede provocar una recaída, lo que supondrá aumentar el tiempo de recuperación.
¿Qué enfermedades puede tratar un psiquiatra?
Entre las enfermedades que puede tratar un psiquiatra podemos encontrar: ansiedad, crisis de pánico, anorexia, bulimia, alcoholismo, adicción a las drogas, trastornos de la personalidad, psicosis, esquizofrenia, o depresión, entre otras.
¿Los fármacos pueden cambiar la forma de ser de una persona?
Ningún medicamento en el campo de la medicina está libre de efectos secundarios. Sin embargo, en el caso de los fármacos psiquiátricos, el objetivo es que el paciente vuelva a su estado sin la carga de la enfermedad mental.
En la consulta con tu psiquiatra se abordarán las ventajas e inconvenientes de cada tratamiento de antemano. Además, se realizarán los ajustes necesarios con el objetivo de atender a las necesidades individuales del paciente.
¿Por qué se producen recaídas en enfermedades mentales como depresión, trastorno bipolar o esquizofrenia?
Lo más frecuente es que las recaídas se produzcan por el abandono del tratamiento. Aunque, también puede deberse a que el paciente sufra alguna situación desencadenante, como momentos de estrés.
¿La privacidad está garantizada?
Siempre. Es algo que todo psiquiatra debe garantizar, ya que se deben aplicar de forma estricta las disposiciones legales que ordena la ley de protección de datos. Todo el tratamiento de tus datos está regido por la ley de protección de datos.
La adolescencia es una etapa clave en la prevención del consumo de drogas y alcohol, que en un futuro puedan agravarse o desarrollarse una dependencia. El fácil acceso que existe hoy en día provoca que las adicciones en adolescentes sean cada vez más habituales entre los más jóvenes.
Cada adicción tiene su importancia y tratamiento psiquiátrico particular, aunque es cierto que las más comunes en adolescentes derivan del abuso de drogas y alcohol. En ocasiones, puede existir la coexistencia de una adicción junto con algún trastorno mental. Además, llega un punto en el que las adicciones se engloban dentro de los trastornos mentales como una enfermedad cerebral, y no un vicio o capricho.
Gracias a la investigación neurocientífica, estamos siendo cada vez más capaces de conocer que la relación entre nuestro cerebro y las sustancias adictivas no es una casualidad, sino una posible predisposición genética unida a factores sociales e individuales asociados.
Factores de riesgo
Los primeros consumos se producen en entornos sociales mayoritariamente, provocados por varias razones, como la curiosidad, la pertenencia al grupo, reducir estrés o sentirse personas adultas. La adolescencia es una etapa muy delicada en la que algunos factores pueden facilitar el riesgo de adicción a las drogas o al alcohol. Veamos algunos de los factores de riesgo más frecuentes en cuanto a abuso de drogas y alcohol en adolescentes incluyen:
Antecedentes familiares, ya sean genéticos, ambientales o de historial de abuso/dependencia de sustancias.
Alteraciones mentales o trastornos del comportamiento, como por ejemplo depresión, ansiedad, trastorno por déficit de atención (TDAH) o comportamientos obsesivos compulsivos (TOC).
Episodios traumáticos en su vida, que trata de mantener ocultos o lidiar con ellos a través de mecanismos de defensa como son las conductas adictivas.
Baja autoestima o temor a no sentirse integrados en un grupo.
Asimismo, otro de los factores más determinantes en la tendencia a las adicciones es la influencia del grupo de iguales. Esto permite comprender que el fenómeno de las adicciones en la adolescencia se trata en gran parte de un problema social y cultural, estando asociado más a factores ambientales y menos a factores económicos.
Por otra parte, la relación con los trastornos metales y la predisposición genética es otro de los factores de riesgo más comunes, que, gracias a la neurociencia, se ha podido relacionar.
Prevención de adicciones en adolescentes
Es vital estar atento a las señales de advertencia que nos avisen de un posible problema de adicción. Así pues, existen algunos signos que nos alertan sobre un posible comportamiento así. Algunas señales de advertencia que nos permiten detectar una adicción en los adolescentes son:
Cambios repentinos en la rutina del adolescente, tanto en lo que respecta a amistades, como a sus hábitos.
Comportamiento irresponsable, rebelde o irascible. Pasotismo o falta de interés general.
Dejadez en la apariencia física, así como en el rendimiento escolar.
Aislamiento voluntario y distanciamiento de la familia
Presencia de sustancias adictivas en su entorno, medicamentos innecesarios o artilugios inusuales propios del consumo de drogas en la habitación del adolescente.
El abuso de sustancias aditivas puede llevar al adolescente a cometer actos irresponsables y a desatender sus responsabilidades académicas y familiares.
Tratamiento de la adicción
Ante cualquier tipo de adicción que podamos padecer o que veamos en una persona cercana, es vital saber reconocer los signos y síntomas que nos avisan del consumo de alcohol o de drogas. De esta forma, se podrá actuar y llevar a cabo una rehabilitación que ayude al paciente a recuperarse y hacer de nuevo vida normal.
Si hemos detectado señales de aviso en nosotros mismos o en una persona cercana, es importante saber que existen diferentes maneras de pedir ayuda, como por ejemplo, hablar con un profesional de salud mental especialista en adicciones.
Debido al incremento tan significativo que se está produciendo en edades más tempranas, el Doctor Carlos Sánchez Menéndez, psiquiatra especialista en adicciones te ayudará a superar estos problemas en primera instancia o de una persona cercana.